EL ORFANATO DE ELEFANTES DAVID SHELDRICK

EL ORFANATO DE ELEFANTES DAVID SHELDRICK

Mi visita estaba programada desde hacía semanas. Había solicitado un permiso especial para fotografiar el orfanato de elefantes David Sheldrick, en las afueras de Nairobi. Aquella nubosa mañana acompañé a mis siete clientes al aeropuerto internacional Jomo Kenyata. El “Viaje fotográfico” de dos semanas por diferentes espacios de Kenya había finalizado y yo me quedaría algunos días más para documentar y fotografiar otros lugares que guardaban relación, de un modo u otro, con el “poaching” (caza furtiva de elefantes y rinocerontes para comerciar con sus colmillos y cuernos).

El poaching había crecido de manera alarmante en África durante los últimos años. Un elefante muere a manos de los furtivos cada quince minutos y sólo en Sudáfrica los asesinatos de rinoceronte han pasado de 7 en el año 2000 a 1.215 en el año 2014.

El orfanato, fundado por la familia Sheldrick, de origen inglés pero establecida en Kenya desde hacía varias generaciones, colindaba con el parque nacional de Nairobi. De hecho no existe una separación física entre ambos, y en ocasiones, en sus alrededores pueden verse animales como leones, avestruces y gacelas, entre otros. Reconozco que cuando planeé mi visita lo hice con cierta reticencia a que se tratara únicamente de un lugar de exhibición en el que se custodiaban animales irrecuperables, realizando un show circense con fines lucrativos.

A mi llegada me atendió Kristy, la sobrina de Angela Sheldrick. Rápidamente me asignaron a uno de los cuidadores, que me acompañó hasta la zona de sabana arbustiva en la que se encontraban los poco menos de 40 elefantes que ocupaban las instalaciones en aquellos momentos. Todos ellos eran elefantes de entre 6 meses y 3 años de edad. Y todos ellos habían sido rescatados cuando sus madres habían muerto a manos de los furtivos o en conflictos humanos. Algunos de ellos también eran abandonados por sus madres cuando, durante la época seca, buscaban agua y caían en pozos de agua profundos de los que no podían escapar.

Los elefantes eran cuidados y rehabilitados durante años. Los más pequeños dormían en cuadras en las que, durante toda la noche, también dormía un cuidador. Así que los elefantes no estaban solos en ningún momento del día ni de la noche. Al llegar a los tres años y medio eran trasladados al Parque Nacional de Tsavo Este, donde la Sheldrick Fundation tiene una base. Allí son introducidos en grupos de elefantes salvajes y se les hacía un seguimiento hasta los 5 años de edad. Su rehabilitación es completa. De ese modo mis expectativas mejoraron cualitativamente: en los últimos años el orfanato había rehabilitado y reintroducido a unos 300 elefantes en la naturaleza.

Dos veces al día, los visitantes y turistas pueden acudir al centro y ver como los cuidadores alimentan con biberones gigantes a las crías. El discurso del cuidador jefe es de lo más educativo, contribuyendo, además de a la reintroducción de las crías, a la educación y sensibilización de miles de personas.

Los participantes a mi “Viaje fotográfico a Kenya” se prestaron rápidamente a realizar un donativo económico al proyecto, que entregué a Kristin junto con el mío propio. A Jordi Chamagué, Esther Cardoso, Santiago Palacios, Juan José Teijeira, Francisco Llorca, Mercedes Martin y Jaume Capdevila, mi más profundo agradecimiento por su contribución.

Es posible realizar donativos e incluso apadrinar simbólicamente a un elefante mediante este enlace.